miércoles, 5 de mayo de 2021

SOBRE LOS MAESTROS (I)

Tres ideas sobre los maestros

Es complicado en el campo del trabajo interior no encontrar textos con referencias a "maestros" o "grandes maestros". Incluso en este blog se pueden encontrar. Por ello no estaría de más hacer un pequeño alto en el camino y comentar a qué nos estamos refiriendo cuando de maestros hablamos.

Primera idea: Maestro es quien ha alcanzado la capacidad de maestría o experticia en un determinado ámbito. Pero experticia, así como experiencia, dista del conocimiento puramente intelectual de algo. Se trata de ex-pericia (hijo o fruto de la pericia) y pericia es aquel conocimiento que se ha logrado a través de la práctica, por lo que es resultado de un trabajo y una dedicación hasta el logro de una gran capacidad o habilidad. La conclusión sería que el maestro es fruto de una praxis.
En lo relativo al camino interior esta maestría vendría muy relacionada con la capacidad de ver y entender las dinámicas de nuestra mente (y por lo tanto la capacidad de tomar las riendas ante los impulsos reactivos o inconscientes) en tanto que apegos a las ideas e identificaciones, así como aplicar esa misma visión a la realidad exterior a nosotros, descubriéndola (quitando los velos que cubren dicha realidad).
Algunos se sienten más cómodos usando el término adepto para este caso que se acaba de comentar. Adepto implica, en este contexto, ser seguidor y practicante de una determinada enseñanza, tanto a nivel intelectual como a nivel fáctico. En cualquier caso sería interesante el señalar que, en este primer punto relativo a un maestro, en realidad tan sólo nos estamos basando en aceptar o no una simple idea mental: "tal persona es realmente un maestro". Y si lo pensamos detenidamente, esto de dar títulos, aunque sean sólo ideas, no tiene demasiada importancia en sí. Quizás el resquicio de utilidad sea como referencia rápida para dar a alguien con quien tengamos una comunicación. Algo así como "desde mi punto de vista, confío en la capacidad o maestría de esta persona". Ahora le tocaría al interlocutor discriminar por él mismo si tal cosa es así o no. Aquí nuevamente hacemos referencia a esa discriminación que se aconsejaba para quien iniciaba un camino espiritual.

Segunda idea: Maestro es quien enseña algo a alguien. Por lo que no habría maestro si no hubiera discípulo. Aquí vemos que aquel término (maestro) no se expresa como título por el hecho de haber alcanzado tal o cual nivel, sino por la acción de transmitir o ayudar a la comprensión o capacitación de otros. Debe existir por tanto esta orientación hacia la segunda persona (el o el Nosotros, que sería esa unión de la primera y segunda) por un fin que no está centrado en el Yo sino en una experiencia que es posible indicar para generarla en otros. La posibilidad de este conocimiento directo a través de la vivencia está muy por encima del nombre limitado de quien la explica... "el necio mira al dedo en lugar de la Luna."
En este contexto, algunos se sienten más cómodos usando el término de instructor o incluso el de amigo espiritual, kalyanamitra, que se usa en la tradición dhármica. Más allá de los términos, es interesante redundar en que el énfasis está en aquello que es conocimiento experiencial, y no tanto en quién es el que habla.

Tercera idea: No idealicemos a los maestros. Con este mensaje se pretende decir que no los convirtamos en ideas sobre lo que deben ser y hacer en su vida más ordinaria. Y si esas idealizaciones surgen en nuestra mente, como consecuencia de un proceso inconsciente, simplemente no nos apeguemos a ellas e intentemos entender por qué han surgido.
Precaución también con aquéllos a los que se les llama (o considera) maestros por el simple hecho de haber estado en contacto directo con alguien a quien también consideramos de ese modo. A veces, incluso ni ellos mismos se considerarían como tales, pero muchas formas de pensamiento aún se basan en supuestos efectos de capilaridad espiritual. En estos casos de "maestros por contacto directo", así como en otros, nuevamente se recomienda hacer uso sosegado de la facultad de discriminación.

Existe un cuento tradicional que podría ilustrar algunas de las ideas que aquí se han expuesto. Seguimos con él en la próxima publicación.

miércoles, 21 de abril de 2021

PERSPECTIVA DE UN CAMINO (II)

Construir una personalidad correcta, que no nos dé problemas, sino que sirva para desarrollar aspiraciones más profundas, es el primer gran paso en este camino. 

Después toca avanzar, de un modo u otro, en lo que a la identificación se refiere. Pasamos de un fundamento de yo-idea, más o menos corregido, a un yo-experiencia, que se vive desde el presente y es también el Testigo de lo que sucede alrededor de él.

Pero el Testigo es algo intermitente al principio: a veces está al mando, a veces no. Por eso, para cuando está "distraído", es tan necesario que el comportamiento automático colabore a nuestro favor. El trabajo en esta segunda etapa será progresar en la estabilización del Testigo en cada momento y en cada aspecto. 

Esta etapa tiene el gran peligro de hacer del Testigo (una especie de yo-central, siguiendo la denominación de los 'yoes', que se percibe a sí mismo como el centro impasible de lo que se manifiesta alrededor del mismo) algo entronizado mientras desprecia lo que sucede al considerarlo como "vacío".

Por eso el siguiente paso será trascender al propio Testigo (pura sutilidad) lo que, de un modo u otro, conlleva la integración de "lo exterior a él" o bien "la disolución del Testigo" en la misma vacuidad que le rodea. Lo importante ahora no es tanto ese punto de vista sino el señalar que este tercer estadio se dirige hacia la vivencia de la no-dualidad.

Más allá de éste, nos movemos en un terreno de metáforas, de "sabores" y de testimonios sobre la imposibilidad de poner la experiencia en palabras. Es cierto que sí que hay descripciones más y menos "poéticas" pero, en cualquier caso, hay tanto trabajo previo que, siendo respetuosos, lo mejor que se podría hacer es guardar silencio, especialmente para aquellos que no estaríamos en ese punto del camino.

Con esta perspectiva de pájaro del camino de autodescubrimiento, nos podemos atrever a definir un "mapa del itinerario":

Paso 0 - Vida sin cuestionamientos, a merced de comportamientos automáticos y socialmente impuestos.

Paso 1 - Manifestación de la necesidad de un conocimiento y cambio interior.

Paso 2 - Descubrir al Personaje, yo-idea y yo-ideal así como nuestros modos automáticos de funcionar y responder.

Paso 3 - Desarrollo del yo-experiencia y desligamiento de la identificación con el yo-idea.

Paso 4 - Profundización en el yo-experiencia (en la interacción con el mundo) y el Testigo (hacia el espacio interno).

Paso 5 - Descubrimiento del no-yo detrás de toda formulación mental (más allá del Testigo dual). Avance hacia la estabilización de la realidad no-dual.

Paso 6 - ¿Iluminación? ¿Nirvana? Cualquier cosa que pueda escribir sería un error. Mejor quedar en silencio. Más que un "paso" como tal, en este esquema sería una especie de Punto Final, al igual que el llamado "Paso 0" no es un paso en sí, sino un punto común de partida.


Desde luego existen muchísimos modelos en las tradiciones espirituales sobre los estadios de este tipo de camino interior (y no es difícil encontrar paralelismos), llamados de muy variadas maneras (místicos, de realización del Ser...). Sólo por citar dos de los más conocidos:

La vía mística (según san Juan de Cruz)

1 - Vía purgativa (etapa negra/nigredo): purga de la memoria y apegos del alma. Quitar lo negativo, causa del sufrimiento, para estar en disposición de un cambio y una transformación.

2 - Vía iluminativa (etapa blanca/albedo): elevación del entendimiento hacia la divinidad. No es una sabiduría común sino "secreta", porque no forma parte del entendimiento común (¿Se puede decir realmente con palabras qué es identificarte con algo? ¿Quién se identifica? Ese "Quién" es anterior a toda identificación mental). 

3 - Vía unitiva (etapa roja/rubedo): purificación de la voluntad, unida ya a la divina. No hay pues, separación entre la divinidad y yo si mi voluntad es su voluntad. Con el carácter "unitivo" también se hace referencia a un aspecto no-dual.


Los diez bueyes del zen (del maestro Kakuan)

He de reconocer que esta serie de imágenes me cautivó hace muchos años, cuando las conocí junto con sus textos y comentarios. Desde entonces han sido un referente y un enigma al que siempre he regresado para referir nuevas formas de entenderlas y "dejarse llevar" por las mismas. La esencia de esta serie de imágenes se encuentra dentro de la vía zen/ch'an, en el trabajo con la mente. Antes de presentarlas una advertencia: con cada título se hace una pequeña referencia que no pretende ser "la forma correcta y única de acercarse e interpretar cada dibujo del buey y el boyero", así que si alguien se siente alterado... deberá descubrir que es sólo problema de él.

1 - Buscando al buey (el inicio de un camino de práctica).

2 - Descubriendo las huellas (empezando a conocer "el sabor" de la mente y sus dinámicas de funcionamiento).

3 - Encontrando al buey (experimentando "la mente" e iniciando la purificación de sus condicionamientos).

4 - La captura del buey (afianzando la experiencia del Testigo sobre la mente).

5 - La doma del buey (purificación del funcionamiento automático).

6 - Volviendo a casa con el buey (Mente y experiencia en armonía, exterior e interior conviviendo sin afectarse negativamente).

7 - Trascendiendo al buey (más allá de toda identificación).

8 - El buey y uno mismo trascendidos (más allá del Testigo: el vacío).

9 - Regresando a la fuente (El vacío es la forma y la forma es el vacío).

10 - En el mundo (Todo sigue siendo exactamente lo mismo que era antes).


Hay muchos esquemas de estos tipos, poniendo cada uno más énfasis en aspectos intelectivos, emotivos/amorosos o incluso energéticos (como podría verse en algunos senderos de la tradición yóguica o en la vía de la alquimia interna taoísta). 

El esquema presentado de seis pasos (o cinco o siete, según se quiera ver) tiene un lenguaje más cercano al campo psicológico (en relación a la enseñanza de Antonio Blay) y quizás algunos prefieran acompañar el mapa con referencias de cierto exotismo o belleza pictórica. Si eso ayuda a alguien, bienvenido sea. Después de todo, independientemente del recipiente, el sabor del té es... el sabor del té.

domingo, 18 de abril de 2021

PERSPECTIVA DE UN CAMINO (I)

Y todo lo anterior sobre la personalidad, el yo-idea y el modelo.... ¿para qué?

Aunque se han ido comentando algunos de los aspectos positivos derivados del entendimiento de cada uno de los conceptos, todo esto forma parte de un recorrido más amplio.

Al inicio de las publicaciones de este blog se hacía referencia a una meta o un objetivo último: el autodescubrimiento de quién soy yo. Efectivamente este camino tiene multitud de mapas e indicaciones debidas a quienes lo transitaron con esfuerzo y éxito antes que nosotros. Como mínimo, lo que podemos hacer es agradecer ese legado y, si existe esa llamada verdadera en nosotros, entregarnos a la práctica. 

El orden de las preguntas "cómo soy yo", "qué soy yo" y "quién soy yo", no es un resultado azaroso sino que responde a una secuencia que, como en tantos otros casos, debe de empezar necesariamente por establecer un correcto fundamento sobre el que se sostenga todo lo posterior.

El fundamento en sí no es algo metafísico sino bastante ordinario (tu mente de cada día, eso es el Tao, se dice también) y por eso está directamente relacionado con el factor ético y en tantas enseñanzas se empieza hablando de sila (en el caso del buddhadharma) o de los yama - niyama (prescripciones y prohibiciones) en doctrinas más del yoga o el advaita vedanta.

Éste es un trabajo de nuestra parte consciente, pero que afecta directamente a la inconsciente y la modifica hacia comportamientos que nosotros definimos como correctos, pasando a ser algo que está más bajo nuestro control... pero antes, uno debe darse cuenta de que es él quien está muchas veces dirigido de modo automático por su lado inconsciente.

Algunos llaman a esto (acertadamente, en mi opinión) la limpieza del karma. Karma significa acción, y tomar las riendas sobre el actuar implica ganar en capacidad de estar presentes en lo que acontece y por lo tanto, también en la respuesta que damos. Cuando la respuesta es automática porque no estamos al mando de la nave, entonces dependemos de los vientos que soplen y esos vientos proceden de la fuente del almacén inconsciente. Por eso hay que "sembrar buenos vientos", a través de la acción consciente y que deje la huella correcta.

Este primer paso tan fundamental va de la mano con un trabajo a nivel más mental. Algunos señalan hacia la entrada directa en la práctica meditativa, aunque en mi opinión, a menos que tengas la fortuna de un maestro o instructor, creo que es preferible empezar con prácticas del tipo "atención plena", lo que tan comúnmente se conoce como mindfulness. 

Sólo con la capacidad de estar realmente presente, uno puede darse cuenta de lo que está sucediendo. Estar presente implica liberarse del pasado y del futuro y poder permanecer no dirigido por circunstancias ajenas. Con la práctica, aunque sea puntualmente, esos momentos irán dejando un sabor reconocible y que ayudará a poder volver a ese estado.

Finalmente en la paz de un día cualquiera uno descubrirá, seguramente extrañado, lo ajenas que son las ideas que ha guardado durante tanto tiempo y con las que creía reconocerse a sí mismo... en pocas palabras, descubrirá que "él no es lo que piensa sobre sí mismo."

Seguimos en la siguiente publicación.

viernes, 5 de marzo de 2021

POSIBLES RESPUESTAS AL MODELO

Todos en algún momento hemos tenido experiencias de sentirnos valorados negativamente en mayor o menor grado, o incluso hemos sentido el miedo a poder tenerlas, proyectando esa posibilidad en nuestra mente. Ante este hecho caben varios tipos de respuestas en cuanto al posicionamiento de uno mismo:

- Uno puede aceptar la realidad del modelo y hacer un esfuerzo por cumplirlo y presentarse al mundo como alguien ejemplar, esperando obtener la recompensa de la valoración positiva tanto desde fuera como desde uno mismo. Hay que pensar en el coste que esto implica, en donde uno mismo va a depender de esto para su propia autovaloración.

- Uno puede intentar seguir el modelo pero no sentirse justamente recompensado y volverse contrario al mismo. “He sido bueno y me han pagado mal o me han engañado. No merece la pena cumplir con este modelo falso.” Es el caso de muchos que se vuelven contrarios a las normas simplemente por un acto de rebelión.

Otra posibilidad menos beligerante para los que no pueden aceptar la injusticia de no haber sido debidamente recompensados, es la de huir de un sistema que perciben como hostil y tienden entonces a aislarse en espacios que les ofrezcan sensación de confort, ya que el mundo social es percibido como lleno de injusticias y amenazas.

En base a este hecho del modelo y del juicio que en base al mismo se produce, se genera en nuestra mente un concepto que es el Yo-idea, es decir, la idea que yo tengo respecto a mí en función de mis propias valoraciones o de las que otras personas han ido haciendo sobre mí. Frases como “soy torpe”, “soy bueno”, “soy miedoso”, “soy guapo”, “sirvo para hacer esto”, “no sirvo para hacer esto otro”… son cosas que acaban siendo aceptadas, en mayor o menor grado, como verdades para nosotros mismos. Pero hay algo más, todo esto se basa en una percepción del PASADO de uno mismo. Y parece que este Yo-idea nos condiciona mucho.

Por ese anhelo de plenitud, también se forma en nosotros una proyección futura sobre dónde queremos estar, o cómo queremos llegar a ser. Esto sería un Yo-ideal (del cual ya se habló en la anterior publicación), una imagen idealizada de nosotros mismos en un futuro más o menos lejano, donde nos vemos habiendo resuelto problemas y dificultades presentes. Es como un mecanismo mental para descansar de algún modo en una posibilidad futura mejor que la que estamos viendo. “Porque me siento tonto, pienso que aprenderé mucho y después me considerarán listo”, “porque me veo gordo, pienso que haré dieta y ejercicio para que en un futuro sea alguien deseado”. Aquí hay una recreación del FUTURO, como si de un refugio se tratara. Y también hay un detalle importante: El Yo-ideal es una especie de complemento del Yo-idea, ya que lo que no tenemos satisfactorio en el Yo-idea lo buscamos en el Yo-ideal.

Así pues todo lo que suceda en dirección oportuna hacia el Yo-ideal será visto como algo “positivo” y buscaré ese tipo de relaciones con gente que favorezca que el Yo-idea se vaya transformando en Yo-ideal. Buscaré a gente que me considere guapo, importante o superior a ellos mismos, y del mismo modo huiré de quienes me hagan sentir cualidades indeseadas. Entre el pasado y el futuro, estoy perdiendo la posibilidad de vivirme más intensamente en el PRESENTE.

Pero hay una salida de este laberinto: descubrir que el valor de uno mismo no depende del modelo ni de otros. Para ello no tenemos más remedio que vivirnos plenamente y descubrir poco a poco qué somos. Esto, no es cosa de definiciones inmediatas. Pero podemos empezar a ver lo que no somos. Y desde luego no somos el resultado de la valoración de un modelo. Somos, en un primer estadio, un foco que puede desarrollar sus capacidades de vitalidad, de afectividad y de inteligencia. Y una valoración en base a modelos impuestos no puede cortar nuestro desarrollo. Por eso hay que destruir lo que cierra esa expresión de lo que somos, que es una vivencia siempre en presente.

Y esta vivencia de uno mismo, clara y diáfana, sin referencias conceptuales es lo que se ha llamado el Yo-experiencia, a lo cual nos referimos anteriormente. Cultivar esta forma de vivencia es dirigir la atención siempre al origen de nuestras capacidades más que al hecho concreto en donde se han manifestado. Ver que aquello ha ocurrido porque ha surgido desde un fondo que se ha expresado en la acción particular. Una expresión energética-vital, pero que también surge en formas afectiva y comprensiva.

Todo esto, lejos de ser sólo teorías, es algo muy concreto que se puede vivir en lo más cotidiano, llegando desde la práctica en lo pequeño a la conquista de mayores resultados, pues toda facultad que se ejercita se vuelve más capaz y así también nuestra posibilidad de vivirnos más plenamente como origen y expresión de ese mismo potencial.



domingo, 21 de febrero de 2021

LA CREACIÓN DEL MODELO

Cuando un bebé nace y empieza a tomar cada vez más consciencia del entorno, percibe que todo es una oportunidad para expresar su afecto, su curiosidad y su vitalidad. Haga lo que haga es aceptado y bien premiado en sus interacciones familiares (pensando, claro está, en una familia normal con la mente sana). Todo es en sí mismo bueno para el pequeño.

Pero llega un momento en el desarrollo del bebé en el que algo empieza a cambiar. De repente descubre que algunas acciones no son recibidas con recompensas según cómo y dónde las haga. Se le empieza a decir que guarde silencio, que en algunos sitios no se puede hacer tal o cual cosa o que algunos objetos no son juguetes y no se pueden coger. Dependiendo del modo con el que los padres alerten ante estos comportamientos, el pequeño tendrá una mayor o menor sensación de premio o castigo, mientras se definen unas fronteras del comportamiento "libre" del pequeño. Podrá comprobar que también dependiendo de lo que haga, los padres se muestran más o menos afectivos, o quizás hasta puede recibir rechazo por parte de aquellos que son todo su mundo afectivo.

Posiblemente muchos de los mitos sobre el pasado remoto de una humanidad feliz, como el Edén u otros similares, tienen mucha relación con este cambio tan drástico. Es la pérdida del paraíso para descubrir que ahora existen normas y leyes en función de las cuales habrá o no una posible recompensa. Añadido a esta recompensa está el hecho de cómo uno se valora a sí mismo en base a ese modelo exterior, del cual está experimentando las consecuencias. Quizás la sensación de plenitud que hubo en un inicio lejano, parezca como perdida. En su mente se está empezando a crear un Modelo de ser.

Este Modelo es algo que nos va a acompañar aparentemente toda nuestra vida y que irá evolucionando. Se trata de todo aquello que entendemos que tiene una respuesta de valoración según cada interacción entre nosotros mismos y el mundo exterior. Todos descubrimos en algún momento que se nos juzga y se nos clasifica en función de algún modelo. Que somos valorados, NO por lo que SOMOS, sino por CÓMO SOMOS. Lo que al principio tiene como referencia el marco de un entorno familiar pequeño, luego crece al grupo de niños con el que nos relacionamos junto con más adultos y finalmente abarca un mayor número de relaciones sociales. El modelo de valoración cambia, pero su funcionamiento es prácticamente idéntico.

En algunos casos de valoraciones negativas, con implicaciones de rechazo, se puede llegar a situaciones traumáticas para un niño porque éste necesita el afecto de sus padres tanto como el alimento. Y las valoraciones negativas a veces se usan como arma chantajista, tales como “si no haces tal cosa no te quiero”, “eres un niño malo”, “así nadie te va a querer”. Todos en algún momento hemos tenido experiencias de sentirnos valorados negativamente en mayor o menor grado, o incluso hemos sentido el miedo a poder tenerlas, proyectando esa posibilidad en nuestra mente. 

El Modelo y la experiencia que se tiene en base al mismo crea regiones con ciertas tensiones en nuestra mente, así como también condiciona la dinámica de formación del Yo-idea y del Yo-ideal. El primero lleva la carga de las valoraciones, mientras que el segundo proyecta la perfecta superación de las dificultades o las mejores aspiraciones del mismo, algo así como nuestra respuesta en su mejor forma y con el logro óptimo.

Continuamos en la siguiente publicación.


martes, 16 de febrero de 2021

LA IDEALIZACIÓN O YO-IDEAL

Todo propósito, plan de vida o incluso búsqueda del tipo que sea responde a una visión personal sobre nuestro deseo de una situación en un futuro próximo o lejano. En esta formulación se proyecta la superación de uno mismo como promesa o esperanza.

En ese hipotético futuro los sueños se hayan realizados: tenemos la posición deseada en el aspecto material y en el entorno social, nuestro cuerpo es más bello y atractivo para otros, también vemos plenitud en el aspecto intelectual e incluso en ese conjunto de ideas en el que vemos nuestro lado "espiritual". Se construye así un súper héroe personal que nos llama como un polo de atracción hacia el cual tenemos que fluir.

Esa imagen mental y sólo mental es nuestra propia Idealización, o también llamado yo-ideal.

En principio no parece que se trate de algo malo en sí mismo, pues sólo encierra aspectos que percibimos como positivos o ideales. Pero ante este descuido pasamos por alto dos aspectos clave muy sutiles.

El primer aspecto es que esa Idealización echa raíces de modo natural y nos lleva a una identificación con la misma, ante lo cual pasamos a necesitar el reconocimiento en aquello por parte de nosotros mismos y de otros, llevando así a cabo la realización de esa Idealización personal. No se acepta que el entorno del mundo nos lance un mensaje de que nosotros mismos no somos como ese modelo ideal que nos hemos generado. Quien tenga una Idealización en el aspecto de la belleza no tolerará que se le critique en algún aspecto estético, así como quien la tenga hacia ser un gran sabio reconocido por todos, no consentirá que se pueda insinuar que ha quedado como ignorante.

El segundo aspecto es aún más sutil que el anterior: CUANDO CREAMOS UNA IDEALIZACIÓN PERSONAL FUTURA, ES PORQUE EN EL FONDO SE ESTÁ ACEPTANDO QUE NO LO SOMOS EN EL PRESENTE. Aquí se conecta la Imagen (yo-idea) que presentábamos antes con la Idealización (yo-ideal). Lo que no nos gusta de la primera lo buscamos resuelto o corregido, como vía de escape mental, en la segunda. Son como dos piezas de rompecabezas que encajan perfectamente entre sí. La carencia de una es suplida por la otra. La Idealización es el consuelo o la promesa de descanso de la parte que no aceptamos o que nos falta de nuestra Imagen.

Observando detenidamente la Idealización de uno mismo descubrimos que esa necesidad de ser algo con unas características determinadas es la demostración de que esas mismas características no las encuentro en la Imagen construida en el presente en base al pasado.

Y así, ebrios de fantasías mentales podemos llegar a dejar pasar toda una vida, poniendo un inalcanzable que nos dé consuelo, superando un pasado y soñando un futuro mientras perdemos el llegar a vivir quién soy yo.

Es necesario decirlo una vez más: nuestra dinámica mental ha concluido la digestión de nuestros gustos, pensamientos y experiencias pasadas con una imagen de nosotros mismos a la que acudimos como identidad de lo que creemos ser. A su vez, nuestros deseos y aspiraciones sobre nosotros mismos se manifiestan como un ideal mental de nuestra propia Idealización, siempre futura y siempre perfecta.

Partiendo de una idea nos movemos para llegar a alcanzar la otra. Ambas ideas son como dos polos fijos, aunque puedan modificarse con el tiempo. Sin embargo el que se mueve para ir de la Imagen a la Idealización es alguien que está actuando consigo mismo o con el entorno. Esta entidad que se expresa únicamente en el movimiento de un polo Imagen a un polo Idealización es el Personaje.

El Personaje sólo se manifiesta actuando, no tanto como idea, ya que en tal caso sería la Imagen. Esto quiere decir que el Personaje es una entidad que está exclusivamente en el instante presente. Por lo tanto podemos ya definir la tríada conjuntamente:

·    - La Imagen, como síntesis del pasado.

·    - La Idealización, como proyección del futuro.

- El Personaje, como expresión activa en el presente y que se dirige desde la Imagen a la Idealización.

Analizarlos bien en uno mismo es un paso importante para reconocerlos ajenos a una realidad más profunda, no necesariamente la última, sino a un primer paso fundamental para desligarse de la telaraña mental que nos aprisiona.

Seguimos en la siguiente publicación.




lunes, 8 de febrero de 2021

LA IMAGEN O YO-IDEA

Y una vez más nos volvemos a preguntar quién soy yo. No hay que esperar respuestas razonadas sino lo primero y más natural que surja. 

¿Quién soy yo para mí mismo? ¿Qué me respondo a esa cuestión?

Con frecuencia surge un nombre, surge una profesión, unos gustos, unas habilidades que se han ido desarrollando, una personalidad… y una valoración personal de todo ello. 

Esta respuesta se basa en el aprendizaje y experiencia de uno mismo a lo largo de su vida, las cosas que ha hecho o pensado y que han dejado una huella que ha impreso un carácter fuerte por repetición de algún suceso o bien por la intensidad de otros. Y así surge como respuesta sobre nosotros.

Todo esto está presentado como la parte positiva que viene necesariamente de la mano de una compañera negativa, en donde vemos aquellas características que se definen por oposición a algunas circunstancias o al gusto propio: lo que no me gusta, lo que no sé, lo que no puedo hacer… en sí, todo lo que desencadena en mí una respuesta de enfrentamiento o de oposición por rechazo, pero que sigue formando parte de mí.

Esta respuesta formulada teniendo en cuenta ambos polos lo más completamente posible, define la percepción interna que tenemos de nosotros mismos. Es la Imagen que percibimos de un modo directo y natural de lo que somos para nosotros mismos y según nosotros mismos. Es pues también un yo pensado y por eso se le ha llamado también yo-idea.

Y esta Imagen es un reflejo tanto del exterior como del interior. Del interior porque se construye según pensamientos, valoraciones y recuerdos que son el fruto de experiencias pasadas. Pero también del exterior porque el mundo externo a nosotros mismos también ha ayudado, voluntaria o involuntariamente, a construir esa idea de nosotros siempre que nos ha emitido un juicio. 

Cada vez que se nos ha dicho “eres bueno/a”, “eres malo/a”, “eres torpe”, “eres inteligente”, “eres guapo/a”, “eres simpático/a”… ello ha ido dejando en mayor o menor medida un poso, tanto si es aceptado directamente como si no lo es, y ese poso queda dentro de los límites del conjunto mental al que recurrimos cuando nos preguntamos por lo que somos. El mundo exterior actúa también como un espejo en el que nos vemos y nos realimenta con logros y fracasos, con juicios y castigos o recompensas.

Todo ello ha dado lugar a una identificación sobre la autopercepción del yo, de sus ideas reflexivas, de una realidad interna psicológica basada en la valoración de las experiencias pasadas, tanto interna como procedente de un exterior que se comunica con nosotros.

Por lo tanto nuestra respuesta sobre quiénes somos es tal que, aunque la pregunta se formula en presente, se responde muchas veces en base a nuestro bagaje del pasado.

Continuamos en la siguiente publicación.